EL EFECTO MOZAMBIQUE
(o el marisco, la mozafresca y el bodorrio)
Qué bien viene tomarse unos días de asueto. De camino a
Galicia me he dejado mis agobios, mis tormentos y mis neuras. He disfrutado de todo lo disfrutable(
you know; eating, drinking, fucking, familying...) y vengo con ganas de afrontar la temporada veraniega como un
Tornado en pleno apogeo...
¿La boda? Ante todo he de decir que mi
family no se lleva bien
(¿alguna se lleva bien acaso?) y como representación íbamos solamente
Tornadina y yo, ya que mis
papás Tornado preferían abstenerse a riesgo de atragantarse con el bogavante por la incomodidad y el mal rollo.
Así que ataviado con mis mejores galas y mis gafas
fashion nos fuimos a la iglesia el sábado por la tarde. Casándose mi prima
B-Tornada, y respondiendo bien al apodo, no podía ser de otra manera que celebrar la boda de tarde-noche (
pa empalmar ya con el after...). La
Tornadina iba con un super vestido escotado negro y estaba super sexy la cabrona, (si es que mi hermana se está volviendo el peligro de los institutos...).
Una vez allí, pues lo típico: saludar a la
family que hace años no ves, aguantar comentarios sobre si tus canas son teñidas o naturales
(¡a tu edad y con canas! ¡qué sexy, qué rollito George Clooney!), aguantar comentarios sobre lo mucho que has crecido
(¿Lémbraste cando ibamos a tirar pedras ó río? Pues no, señora, no me acuerdo, tenía dos años. Eso sí, usted sigue igual de fea, jodía...), aguantar la misa (y su cura vacilón con comentarios sobre el-amor-no-es-lo-que-nos-quieren-hacer-creer-los-medios-de-comunicación-y-el-gobierno, toma puyada a los gays, que cada vez somos más en mi familia,
by the way...) y lo bueno: poder felicitar a los novios, con promesa de que íbamos a pasárnoslo en grande esa noche...
Tras pasar por la mansión de mi padrino -el padre de la novia (sí, tiene una mansión... Por cierto, os recuerdo que la riqueza en Galicia viene o de los emigrantes retornados o de la
fariña, echen cuentas...)- para las fotos de turno y los primeros brindis con champán (y alguno que otro que “cayó a la piscina”) nos dirigimos al banquete.
En el banquete ya decidimos mi hermana y yo que lo mejor era separarnos para poder cubrir más terreno y beber/ligar/flirtear mejor sin interferencias del otro.
¿Lo bueno? Que la mesa en la que me pusieron estaban todos mis colegas
festeiros de los últimos tiempos en Ourense por lo que la diversión estuvo asegurada.
¿Lo malo? Que no nos habíamos sentado y ya teníamos a un
marulo dando la nota con su orquesta y gritándonos al oído.
Si es que te seguimos siendo de pueeeeeeblo, oyes (léase con acento muy gallego).
¿Más bueno? Que todos (o casi todos) mis primos tienen una marcha digna de los mejores
tornados. La mayoría venían de resacón, otros se dedicaron a ponerse finos durante la cena, etc... De casta le viene al galgo....
¿Más malo? Que no llegué a probar la carne de lo que me cebé con el marisco, para desgracia de mi ácido úrico...
Tuve que dar algunas explicaciones sobre la no comparecencia de mis padres, pero rápidamente despaché a los pesaos con un
“estoume mexando que non aguanto, así que deixame pasar”... Pero para que los que me conozcan y sepan de mi nula tolerancia al vino os imaginéis cómo me lo he pasado, sólo decir que las bodegas del vino en cuestión (
Mozafresca se llamaba, vaya nombre también) se han quedado sin existencias para el resto del año. Le voy pillando el
gustiño al Ribeiro, la verdad...
Antes de seguir relatando lo ocurrido me gustaría explicar qué coño es el
Efecto Mozambique: se trata de un aventurero belga que se fue a
Mozambique y se topó con las tribu de los
niños topo (valga la redundancia). Todos eran muy pequeñitos y con cara de topo, nada que ver con un belga, la verdad. Y ahí surge el
efecto Mozambique ya que el aventurero creía que vivía entre seres extraños por su estatura y su cara de topo, cuando no era capaz de darse cuenta de que él era el elemento anómalo entre la normalidad de los niños topo.
Pues bien, dicho esto, así es como me sentía yo entre la gente del banquete. No por ser gay (ya he dicho que hay cada vez más en mi familia) ni por no vivir en
Galicia desde el año de la polka, sino más bien por no sentirme para nada identificado con la vida que lleva la gente con la que estuve. Para mí lo anómalo era cómo vivían ellos, y ellos se maravillaban de mis historias de
Malasaña, Chueca y conciertos de
Kylie en London (tenía que contar la historia, chicos. Hasta mi tía me comentó lo del cáncer).
Pero si todo iba viento en popa hasta el momento de los bailes (para nada respetado por los asistentes ya que mi mesa –la 5- y la 7 teníamos un pique por ver quién era la mesa más impresentable...), la cosa fue mejorando por momentos. Y el mejor momento fue el de levar anclas y pirarse.
Nos esperaba para seguir la noche una fiesta popular (y nosotros de punta en blanco):
A festa do boi –la fiesta del buey- en
Allariz, un pueblo a tomar
por kiul de mi casa (y yo sin coche). Mi hermana decidió que prefería seguir tajándose en
Ourense City y yo me fui a
Allariz. No sé realmente a qué viene lo del buey cuando la fiesta consiste en que te echen cubos de agua encima, la verdad, no lo sé.
Sé que terminé
mojao mojao mojao. Con lo bien que me había quedado la cresta creada especialmente para la ocasión...
En determinado momento de la noche, decidí investigar por el local donde estábamos y es que yo hasta para un pueblecito de lo más pequeño tengo suerte y di con el único tío bueno (y receptivo, se entiende) de
A Festa do Boi.
Puede que hubiera más (ya conmigo y mis primos éramos 4) pero yo di con el autóctono,
the only gay in the village, que dirían en
Little Britain...
El resto de la noche se pasó entre aparcamientos, apartamentos y demás familia...
Eso sí, a la mañana siguiente me ocurrió lo más gracioso a la hora de volver a casa. Llamo a un taxi (que me iba a cobrar una pasta para llevarme hasta el bosque de mis padres) y viendo que no venía y después de haber tomado unas cañas con mis tíos que ya se habían levantado y ya estaban de pre-verbena (y yo con el traje, empapado y lleno de barro,
jate tú qué cuadro...), hago una rellamada en mi móvil para echarle la peta padre al taxista con tan mala suerte que llamo a casa de mis padres...
Mi padre alucina en colores con mi tono y ni corto ni perezoso viene a buscarme (a 60 km casi de mi casita...). Debí acojonar a
Papá Tornado porque sino no hay otra explicación... Con el mal carácter que tiene mi padre, ni rechistó, ni me dijo nada por las pintas que traía. Al fin y al cabo una boda es una boda y ya tenían bastante con aguantar los mareos y las vomitonas de la
Tornadina que se pilló su primer pedo en toda regla...
Y en casa me esperaba más familia y un fabuloso cocido gallego (que con el calor que hacía daba miedo) pero del que rendí buena cuenta a pesar de estar harto de comer y de vino del día anterior.
Y los demás días he estado desconectado.
Off. De la tele, de los blogs y del
warreo en la red, de vosotros, del curro, de mis agobios. De todo. Cura de sueño y de relax total...
Pero he vuelto.
Ah, por si no te has fijado, este blog se llama
EL TORNADO QUE SE LO LLEVA TODO POR DELANTE. Por algo será, ¿no?
ON MY ZEN: Kelis, Trick Me.