(be a Queen, be a Princess)
Tras el concierto de Año Nuevo, poco quedaba por hacer. A pesar de habérnoslo pasado como enanos, parecía que los ingleses tuvieran horchata en las venas, porque para ellos, ni Kylie, ni Fin de Año, ni ná de ná, ahí estaban sin inmutarse.
Volvimos a casa a la una de la mañana, para el chill out, con la música a todo trapo y soltando purpurina por todo el coche.
El resto de la noche fue como pasarla como amigos de toda la vida. Nos reímos mucho y sentimos que habíamos conectado con esta pareja y Lulu, su amiga. Pero claro, al día siguiente nos lo pasamos durmiendo y, una vez despiertos, comiendo y tirados en el sofá, comentando los estilismos imposibles de las presentadoras inglesas.
Como tampoco habíamos ido a London a tirarnos a un sofá, el miércoles nos pusimos guapos y me llevé a JL a dar un paseo real, en el significado más literal de la palabra. Él es muy fans de todo lo que huela a realeza y en nuestra anterior visita nos habíamos dejado toda esa parte asín que esta vez no había escapatoria posible. Buckingham, Kensington y la exposición sobre Diana, el memorial de Diana en Hyde Park y al día siguiente Windsor en todo su esplendor, con sus tres horas de audioguía incluidas! ¡Qué bien lo pasemos! (sobre todo yo que si veo alguna horterada más, creo que vomitaré...).
Pero además nos quedaba la segunda oportunidad de ver a Kylie que era su verdadero regalo de cumpleaños ( y lo bien que me vino regalárselo...). Para la segunda cita teníamos nada más y nada menos que asientos en cuarta fila, así que íbamos a poder hacer cienes y cienes de afotos y vídeos, apreciar los paquetes de Marco da Silva o el Acrobat From Manchester en primerérrimo plano o contar las arrguas de la cara de Kylie.
Al llegar nos confiscaron la cámara numérica y JL ya estaba dispuesto a dejarles en custodia el resto de la mochila (que llevaba escondido la digital) hasta que le pegué una patada en la espinilla y entendió el mensaje mientras yo me informaba de donde recoger la cámara al final del concierto. Volví a arrasar en la tienda de merchandising, esta vez no sólo para mí sino también para hacer algún regalito (¿Pei, still there?) y ocupamos nuestros asientos.
Tuvimos otra magnífica oportunidad para comprobar que los ingleses son siesos como ellos sólos y que para ellos ver a K es como llevar a los niños al zoo, les produce la misma sensación. Menos mal que dos filas delante nuestra había un tropel de maricas que al menos sí se movía, con lo que yo me sentía menos mal al desgañitarme y menear las caderas como una MamaChicho...
Sobre el concierto poco más puedo añadir que ya no haya contado. El hecho de haberlo visto 3 veces y desde perspectivas distintas hizo que esta vez me fijara más en los detalles, en la calidad del sonido, en lo espectacular de los trajes (aún no sé muy bien si por horteras o por espectaculares, ya que ahí en vivo tampoco quedaban tan mal, aunque en afotos sean Low Peor) y, sí, he de reconocerlos, en los paquetes de los bailarines...
Claro que a JL le dejé la parte de las fotos, pero, como ya nos habían advertido estaban prohibidas, a pesar de que todos estaban haciéndolas. Y a él le llamaron la atención como 5 veces, incluso poniéndole un foco delante del objetivo para que no se viera nada. Pero a la sexta fue la vencida y de repente veo que un tío le coje por detrás y me lo abduce. JL no se enteró de nada de lo que le decían pero querían que abandonara el recinto (y de paso confiscarle la cámara). Y ahí me hice el guiri "yonocomprépan" como nunca en mi vida. Y mira tú, funcionó, pero truncó un poco el ambiente del concierto. Estábamos ya un poco mosca viendo a los demás con sus teleobjetivos y nosotros ahí, como castrados. Pero lo pasamos muy bien, tuvimos la oportunidad de tener Got To Be Certain como bonus a capella (después del Celebration que se marcó en Fin de Año, era un must) y ninguna niña boba salió al escenario (no, Dannii tampoco).
Yo habría podido repetir un día más y todos los que hicieran falta pero ya habría sido pasarse un poco; que una cosa es que te guste y otra ser el mayor accionista de su fortuna.
Eso sí, a la salida y ya con nuestras cámaras y nuestro mal humor un poco disipado, volvimos a caer en las redes del merchandising, pero esta vez del pirateo más variopinto. Vendían de todo e incluso nos topamos con un predicador que anunciaba el fin del mundo, el fin de los iconos gays y el fin de la línea de metro (o argo asín...).
Uys, al final me ha vuelto a quedar un tocho de entrada, así que mañana prometo Cambridge, las rebajas y (esta vez sí) la atropellada vuelta...
ON MY ZEN: Kylie, Hand On Your Heart (Homecoming Live).